. COMO CREAR CULTURA INCLUSIVA
Una escuela inclusiva se centra en la calidad del
sistema educativo, con base en dos ejes:
• la identificación de barreras que dificultan el
aprendizaje y la participación por parte de los alumnos con diferentes
necesidades específicas de apoyo educativo.
• la provisión de apoyos que faciliten el acceso,
la participación y el aprendizaje de todos. Con la educación inclusiva
buscamos la igualdad de oportunidades y derechos para todos, entendiendo que el
camino para la igualdad es la equidad, concepto con el cual aprendemos a
reconocer que las condiciones y apoyos para garantizar el derecho a la
participación y la educación no son los mismos para todos.
La calidad educativa es un proceso que implica
constantes mejoras que conllevan a los cambios. Para que podamos convertir
un cambio en una mejora inclusiva, el mismo debe estar basado en valores que
prometen la inclusión.
La inclusión en la educación significa poner los
valores inclusivos en acción, lo que implica, según Booth y Ainscow (2011):
• Apoyar el sentimiento de pertenencia en
todos. • Incrementar la participación de los estudiantes en las
actividades de enseñanza y aprendizaje, así como las relaciones con las
comunidades locales.
• Reducir la exclusión y la discriminación, así
como las barreras para el aprendizaje y la participación.
• Reestructurar las culturas, las políticas y las
prácticas para responder a la diversidad de alumnos que aprenden, de modo que
se valore a todos por igual. • Vincular la educación con la realidad local
y global. • Mirar las diferencias entre estudiantes y adultos como
recursos para el aprendizaje. • Usando las buenas prácticas a favor de
todo el alumnado. • Reconocer el derecho de los alumnos a una educación de
calidad en su localidad.
• Mejorar las instituciones educativas, tanto para
el personal y los padres o tutores, como para los alumnos.
• Fomentar las relaciones enriquecedoras entre las instituciones educativas y las comunidades del entorno.
Uno de los elementos claves en la inclusión educativa se
refiere a la cultura, este término, tan coloquial y común para algunos, ha sido
motivo de controversia y confusión en relación con su definición debido a que
abarca diferentes actitudes, actividades y participantes, sin embargo, es
fundamental cuando se hace referencia a la inclusión en general y
particularmente la inclusión educativa.
Pero ¿qué es
cultura?, algunos autores (Hartasánchez, 2002; Ossa, 2008; Ossa, Castro,
Castañeda y Castro 2014) retoman la definición que se hace desde el ámbito
organizacional y por lo tanto consideran a la escuela como una empresa. De esta
manera la cultura es entendida como “el conjunto de reglas, símbolos, creencias
y valores compartidos por todos los miembros de un equipo o grupo humano, que
le proporcionan la cohesión necesaria para trabajar armónicamente hacia la
consecución de los objetivos comunes” (Hartasánchez, 2002,)
Por su parte Booth y Aiscow (2002) desde el ámbito escolar
mencionan que la cultura se refiere “al desarrollo de valores inclusivos,
compartidos por todo el personal de la escuela, los estudiantes y los miembros
del Consejo Escolar y las familias” y
proponen que, para que se desarrolle una cultura inclusiva, es necesario la
creación de una comunidad escolar segura, acogedora, colaboradora y estimulante
en la que toda persona sea tomada en cuenta y se promuevan valores inclusivos.
Ambas concepciones no son excluyentes sino más bien podrían ser complementarias
ya en que en la primera quedan explícitos los aspectos a considerar para
identificar a la cultura y en la segunda se mencionan los actores en el ámbito
escolar.
De tal manera que, si hablamos de cultura inclusiva escolar,
podríamos entender que se refiere al conjunto de reglas, símbolos, creencias y
valores compartidos por el personal de la escuela, los estudiantes, los
miembros del Consejo Escolar y las familias, que le proporcionan la cohesión
necesaria a la escuela para trabajar armónicamente hacia la consecución de los
objetivos comunes.
La cultura escolar, de acuerdo con García y Aldana (2010) es
posible identificarla a través de la observación detallada de lo que ocurre en
la escuela, los diálogos con los de docentes, las prácticas del aula, las
vivencias de los alumnos, las expectativas y dificultades de los padres, así
como la observación de los niveles de gestión, organización y liderazgo.
Con otra perspectiva Ossa, Castro, Castañeda y Castro (2014)
señalan que las normas, ideas y valores se pueden manifestar en dos
dimensiones: la abstracta referida a fundamentos conceptuales intangibles, como
los valores e ideologías que comparten las personas, y la dimensión concreta o
manifiesta, que se relaciona con productos objetivos como el currículo,
lenguaje y las instalaciones.
Por su parte Hopkins,
Ainscow y West (1994, como se citó en Lobato y Ortiz, 2001) diseñaron una
clasificación de análisis para identificar la cultura escolar, basándose en dos
dimensiones: eficacia de los resultados y dinamismo de sus procesos. Al
combinarlas resultaron cuatro tipos de culturas que denominaron: “errante”,
volcada en procesos de innovación y cambio pero sin objetivos; “paralizada”,
condiciones pobres, profesores que trabajan de manera aislada y expectativas
bajas; “paseante”, estable y tradicional que intenta alcanzar logros pero
evitando innovaciones y “en marcha”, escuela que ha alcanzado el equilibrio
entre estabilidad y cambio e impulsa procesos de transformación. Por su parte
Sarasola (2004) menciona dos tipos de cultura en las organizaciones educativas:
la cultura transformacional y la transaccional. En la primera se caracteriza
por incluir un liderazgo centrado en el logro de los objetivos que busca
promover y apoyar las innovaciones, así como discutir temas que abran las
posibilidades al cambio. En la cultura transaccional todo está relacionado
contractualmente, destacan los rasgos de individualismo, los compromisos son a
corto plazo y con recompensas directas al logro de metas. Independientemente de
la clasificación que se quiera tomar para estudiar la cultura, es importante
enfatizar que la cultura influye en las relaciones interpersonales y grupales,
permitiendo así que se promueva la colaboración y participación de todos, es
decir, actúa como mediadora entre el conocimiento individual y el de la organización
(Ossa, et al., 2014). También influye en la gestión y administración escolar ya
que, dependiendo de los intereses y filosofía que se tenga, será la forma en
que se dirija la institución y se asignen recursos a la misma, y por supuesto,
determina la no discriminación de personas, así como la aceptación de la
diferencia tanto del personal como de los estudiantes y padres de familia.
De esta manera la
cultura puede ser capaz de promover e incorporar valores y objetivos que se
encuentren en las políticas educativas internacionales, además de generar
herramientas para alcanzarlos e inculcarlos. En el caso de la cultura escolar
los actores son todos los miembros que se encuentran en ella: directivos,
profesores, alumnos, profesionales de apoyo, personal administrativo y de
intendencia, los padres de familia y hasta la comunidad de los alrededores;
todos conforman la institución y a través de ellos se va formando la cultura de
esa escuela, de tal manera que el conjunto de reglas, símbolos, creencias y valores
de cada uno irá formando el ambiente escolar en donde trabajan y por ende la
cultura. Un aspecto más que vale la pena resaltar es que la cultura no es
estática, es más bien dinámica, cambia y se nutre de todos los participantes en
ella, de tal manera que se puede afirmar que las acciones, creencias y valores
de todos tienen un impacto multidireccional en cada uno, creándose redes de
comunicación que pueden influirse entre ellas y por lo tanto cambiar.
PRÁCTICAS INCLUSIVAS, POLÍTICAS EDUCATIVAS Y CULTURA INCLUSIVA
VÍDEO CULTURA Y POLÍTICAS INCLUSIVAS





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